Muchos departamentos de Recursos Humanos actúan con la mejor intención del mundo: contratan un curso de inglés estándar para todos. Mismo temario, mismo ritmo, mismos ejercicios... sin importar quién es el alumno ni para qué necesita el idioma.

El problema no es el presupuesto. El problema es el enfoque.

Lo que mides versus lo que importa

Un curso genérico mide métricas que se ven bien en un reporte, pero que no mueven la aguja en el negocio: unidades completadas, niveles aprobados, horas de asistencia.

Lo que no miden — y lo que realmente necesitas — es:

Hay una diferencia enorme entre conocer el idioma y tener competencia comunicativa real. Los cursos tradicionales solo entrenan lo primero.

Lo que dice la investigación

Investigadores de las Universidades de Kioto y Estocolmo confirmaron algo que ya muchos sospechaban: empleados con certificaciones técnicas brillantes sufren bloqueos severos en contextos reales — reuniones, presentaciones, trato con jefes. No les falta gramática. Les falta práctica funcional.

Lo que sí funciona

Para que el inglés se convierta en una herramienta de poder, el camino es lo opuesto a lo tradicional:

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